La carne de pollo sobresale por su valor proteíco y su baja proporción de grasas, sobre todo si se elimina la piel que es donde se acumula la mayor parte.

Según la forma en que se cocine –ideal al horno, a la brasa o a la plancha, desde un punto de vista más saludable-, la carne de pollo es ideal para ser incluida en cualquier dieta, también por su fácil digestibilidad.

100 gramos de carne de pollo equivalen a unas 130 kilocalorías y es muy rica en vitaminas B (sobre todo B3), ácido fólico, niacina, riboflavina, tiamina y en los minerales hierro, zinc, sodio y potasio.

Cuando se trata de pollo de corral, la proporción de grasa es menor y la calidad de su carne aumenta al ser criado en semi libertad, alimentado con cereales y sacrificado con mayor tiempo.