El árbol del chirimoyo, de la familia de las anonnáceas, es originario de Perú y Ecuador, y produce una apreciada, a la par que delicada, fruta tropical, de sabor y textura muy particulares que se suele consumir en fresco, sola o como ingrediente de postres y ensaladas.

Tiene forma de corazón, se cultiva en otoño e invierno y su piel es de color verde con una red de pliegues sombreados más oscuros que delimitan los pequeños frutos de los que se compone. Posee, además, una carne cremosa, carnosa, blanda y de sabor dulce, con abundantes semillas que hay que desechar al comer, de color entre marrón y negro.

Junto al norte de Perú, la chirimoya se produce en Ecuador, Chile, Bolivia, Estados Unidos, Sudáfrica, Israel, Tailandia, Indonesia, Australia, Nueva Zelanda, Egipto, Argelia y sur de Italia.

En España el cultivo de esta fruta se introdujo en los siglos XVI y XVII. Tienen fama las chirimoyas que se cultivan en el sur, en la costa tropical de Granada-Málaga, que cuenta, desde el año 2002, con una Denominación de Origen Protegida que controla la calidad del producto en sus diferentes procesos.