La perdiz roja española es una especie muy preciada pero que cada vez es menos habitual debido a que ha ido desapareciendo de su ecosistema. Son muchos los agentes que piden medidas para recuperar sus hábitats y que de esta manera la población de perdiz roja española vuelva a su esplendor.

El declive de esta perdiz autóctona está provocado en su mayor parte por la agricultura moderna: unas concentraciones parcelarias muy agresivas con el medio, y los métodos modernos de laboreo, recolección y recogida de los cultivos.

Terrenos arenosos, rocosos y secos

Esta especie es algo más voluminosa que la perdiz gris y también posee un plumaje más brillante. La perdiz roja prefiere los terrenos arenosos, rocosos y secos. En este sentido, España y norte de África constituyen un biótopo perfecto para ella.

Su caza se había convertido en una fuente importante de ingresos, debido a que cazadores de todo el mundo acuden cada otoño a España para cazar millares de ellas. Estas cacerías, que reciben el nombre de «ojeo», han disminuido.

La perdiz se suele cocinar entera y son múltiples las recetas para preparar las perdices: en escabeche, estofadas o guisadas de mil maneras.